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Red Internacional

Un hecho “casual” evidencia la política de bosques que impera en el país desde hace décadas. Un botón de muestra de cómo las decisiones políticas condicionan la relación con el ambiente y determinan la lógica productivista de la sustentabilidad que profundiza el cambio climático y al degradación ambiental al ritmo de la mercantilización de la naturaleza.

Ulises CrauchukCorresponsal Comarca Andina | @ulisescrauchuk

Miércoles 19 de mayo | 19:23

La legisladora rionegrina de Juntos Somos Rio Negro por el circuito andino, Adriana del Agua, acaba de presentar un proyecto de ley para brindar “un abordaje interdisciplinario de contención y preparación psicofísica” para los combatientes de incendios del Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF).

Lo interesante del proyecto es que lo elabora la misma legisladora que logró aprobar en noviembre pasado su proyecto para la promoción de siembra de coníferas en la región andina sur, que comprende la Cuesta del Ternero, arrasada por un incendio que devoró más de 6000 has entre enero y marzo de este mismo año.

No sólo eso, la legisladora es parte del oficialismo provincial que congeló el ingreso de personal a la planta permanente hace más de dos años ya, junto con la decisión de no incorporar personal eventual para las temporadas de mayor riesgo de incendios. Desprovistos del personal suficiente, sin indumentaria adecuada ni recursos y móviles, los trabajadores del SPLIF vienen denunciando además el carecer del reconocimiento de su trabajo como tarea de riesgo, lo que implica no contar con un régimen jubilatorio anticipado acorde a dicha tarea de una enorme exigencia física. Algo que el “enfoque interdisciplinario” no podrá resolver.

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Al mismo tiempo, el SPLIF, organismo dependiente del Ministerio de Producción de la provincia, no realiza las tareas de control de las plantaciones de pinos que este verano mostraron crudamente todo su potencial destructivo en la zona, y que son auspiciadas y financiadas por el propio Estado rionegrino a través de la Subsecretaria de Recursos Forestales, entidad que además controla EMFORSA, la empresa forestal provincial, ambas a cargo de Fernando Arbat, también titular del Servicio Forestal Andino. Es decir que Arbat es promotor, ejecutor y organismo de control de la actividad forestal en la provincia. Casi un dios.

A través de EMFORSA, en cuyo directorio participa la propia Adriana del Agua desde diciembre pasado, la provincia ha avanzado sobre el territorio de diversas comunidades originarias, del mismo modo que lo hacen infinidad de intereses terratenientes.

Mirta Ñancunao, de la comunidad mapuche Las Huaytekas, en El Bolsón, destacó en dialogo con La Izquierda Diario el desmanejo de las plantaciones, en particular las de ENFORSA, donde reside el principal peligro de futuros incendios. Pero no solo está la amenaza ígnea. El Servicio Forestal Andino y EMFORSA, junto a un nutrido grupo de terratenientes que comprenden al Emir de Qatar y el dueño de laboratorios Roehmers, avanzan una y otra vez sobre los territorios de las comunidades.

En una nota aparecida en pleno incendio en la comarca, Mirta destacaba “cientos de comunidades y pobladores mapuche a través de distintos medios vienen denunciando desde hace 50 años la afectación de sus territorios con estas especies exóticas. De hecho en el Parlamento por el agua y el Río Chubut realizado en El Maitén (del 31 de enero al 2 de febrero de 2020) las comunidades y organizaciones mapuche volvieron a considerar a las plantaciones de pinos como uno de los principales factores de futuras catástrofes de incendios y de disminución de las fuentes hídricas.

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Si recapitulamos, hablamos de que el Estado en una misma operación mantiene intacta la precarización que los trabajadores del SPLIF denuncian, genera las condiciones para nuevos incendios, profundiza la propagación de especies exóticas invasoras a costa del bosque nativo incendiado y los pobladores, e impulsa la desposesión de las comunidades originarias ¿Qué puede fallar?

Claramente, la lucha que pusieron en pie este verano brigadistas de todos los servicios de la región, demuestra que pasa por su protagonismo el que las tareas de prevención y combate puedan mitigar los efectos devastadores de esta política de implantación. Unido a esto, la pelea por recuperar los bosques nativos, “esponja de agua” y reguladores de la temperatura, constituye una urgente necesidad que compromete a todos los pobladores.

Pelear por políticas de erradicación de las plantaciones de coníferas exóticas y remediación de las superficies degradadas por los mismos, por la restauración de las áreas afectadas por los incendios recientes y de respeto a los territorios de las comunidades mapuche, es una misma pelea que debe encontrar unidos a trabajadores, comunidades y activistas ambientales.




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