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Red Internacional

Como durante toda la campaña, la polarización superficial tuvo un último cruce: los derechos laborales. Cinco puntos que desmienten a precarizadores derechistas y progres.

Lucho Aguilar@lukoaguilar

Viernes 10 de septiembre | 14:06

Los últimos días de campaña agregaron un tema de agenda. Superficialmente, como fue todo el "debate" de las dos grandes coaliciones políticas que intentaron sacar ventaja con la polarización.

El intento de Rodríguez Larreta de no perder votos por derecha, les robó un rato el Power Point a los "liberfachos" (y a algunos empresarios "nacionales"). “Nadie toma un empleado con este sistema de indemnizaciones”.

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El Frente de Todos aprovechó la ofrenda el tiempo que le quedaba. El peronismo sería, ante el peligro macrista, una “muralla” en defensa de los derechos laborales.

El tiempo inmediato dirá si la jugada del hoy jefe de Juntos le dio más beneficios que perjuicios en las urnas.

Otro tiempo, un poco más largo, mostrará sobre la mesa cuáles son las propuestas de ambas fuerzas para atender los reclamos empresarios de “mayor productividad” y “mejores condiciones para invertir”. El ataque al salario real estos últimos años ha sido un servicio agradecido por la Unión Industrial. Pero siempre necesitan más.

Lo que no hay dudas es que el debate está lleno de cinismo. Es conocido el proyecto, ayer del PRO hoy de Juntos, de flexibilizar aún más las condiciones de trabajo. Su último intento se frustró tras las movilizaciones de diciembre de 2017 contra la "reforma" jubilatoria.

Pero, ¿cuánto pueden sostener el Frente de Todos y la CGT su “mística” al “contrarreformismo” de la derecha? ¿Y la CTA? Están flojos de papeles.

"Reforma laboral” sigue siendo mala palabra entre millones de trabajadores. Eso se llama relación de fuerzas. Memoria de clase. Por eso después del menemismo fue difícil hacer nuevas flexibilizaciones por ley, hubo que buscar otros caminos. Atajos. Las "reformas laborales" en los hechos y en cuotas.

Luego de las PASO podremos meternos a fondo. Pero repasemos 5 mecanismos con que precarizaron los derechos laborales.

1. Flexibilización de los convenios colectivos

Tras el ocaso menemista y el 2001, el gran triunfo fue la devaluación. Pero se mantuvieron muchas de las conquistas patronales de los 90. Derogada la ley de reforma laboral, el avance fue a través de los convenios. No solo se ratificaron las reformas realizadas en los 90, como los brutales convenios por empresa en el Neumático (turnos rotativos, 12 hs en algunas empresas, 56 horas seguidas de trabajo), o los que daban peores derechos a los nuevos trabajadores, como el “Convenio Mantecol” en Stani (hoy Mondelez). O en las automotrices. También se pactan nuevas. De las más de 700 negociaciones que se hicieron en el Ministerio de Trabajo, casi la mitad incluyeron cláusulas de flexibilización de la organización del trabajo. Fue del 47,8% entre 2003 y 2009, incluso más que durante el menemismo. Eso superó incluso el 39,5% que se hicieron durante los años 90.

¿Ese método terminó con los años? Para nada. El último ejemplo fue el de Petroleros Privados. El macrismo acordó con la burocracia un convenio especial para Vaca Muerta en 2017, que significó un cambio en las condiciones laborales que en un año además produjo la muerte de 8 petroleros. ¿Qué hizo este gobierno? A través de la YPF “nacional y popular” pidió (y logró) que ese convenio se extienda a los yacimientos convencionales.

En el reciente “Congreso por la Producción y el Trabajo” organizado por el Gobierno, la CGT y sectores empresarios, uno de los principales temas fue la “modernización” de los convenios, “necesidad” que reconocieron Antonio Caló (UOM), Gerardo Martínez (UOCRA), Ricardo Pignanelli (SMATA).

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2) La “uocrización” de las condiciones de trabajo

Una herencia que no es macrista, ni siquiera menemista, es la tercerización. Como contamos, es uno de los artículos de la Ley de Contratos de Trabajo “reformados” por la dictadura a poco de tomar el gobierno. Nadie lo repuso.

Este año vimos las luchas de los tercerizados ferroviarios (MCM, Líderes), eléctricos (EMA, Argencobra), aeronáuticos (GPS, Latam), telefónicos (Polymont), que se coordinaron entre sí y metieron el tema nuevamente en la agenda política. El PTS, el Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC) y otras organizaciones de izquierda fueron parte de esa pelea.

Antes hubo otras. Las Heras en 2006, telefónicos y subte también en esos años, ferroviarios en 2010 y una larga lista. Sin embargo, todos los gobiernos permitieron que las empresas utilicen ese mecanismo para hacer una reforma laboral de hecho: los tercerizados son trabajadores de segunda, con menos derechos, la mitad de salarios que los efectivos, y en muchos casos sin indemnización, como tanto se discute ahora.

Justamente, el convenio UOCRA ha sido el modelo elegido por las petroleras, las telefónicas, las empresas de cable e internet, de gas, agua, electricidad, aerolíneas y otros servicios. También en las fábricas e incluso en el Estado, que además ha tercerizado en Maestranza otra parte de sus trabajadoras y trabajadores.

Según estudios, entre el 30 y 40% de la clase trabajadora registrada está tercerizada hoy en Argentina. Cada vez más. Y en los conflictos actuales el gobierno de Alberto Fernández respetó a rajatabla aquella decisión militar: no pertenecen a la empresa "madre", ni a su convenio, seguirán tercerizados. Por eso siguen las luchas.

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3) "[email protected]": de Rappi a [email protected] esenciales

Otro de los mecanismos que han servido para atacar derechos laborales ha sido el monotributo. Es una forma de negar no solo la relación de dependencia, sino también el pago de vacaciones, seguros, aguinaldo. Creado por Menem en 1994, se ha extendido cada vez más. En los dos primeros años de Macri aumentó un 10% Pero siguió creciendo con este gobierno. La pandemia dejó expuesto como muchos de las y los esenciales: repartidores, médicas y enfermeros, hasta quienes fueron contratados para testeos y vacunación sufren este fraude. El Estado tiene actualmente 1,6 millones en este modalidad. Esto se complementa con otro tipo de contratos precarios como los que inventaron para la docencia, antes y durante la pandemia: los planes Fines, Piedas, Forte y ATR.

El último dato que festejó el ministro Claudio Moroni muestra que en la “recuperación del empleo”, los nuevos inscriptos al monotributo casi duplican a los nuevos puestos en el sector privado, y los monotributas sociales duplican los nuevos empleos públicos. Este último caso incluye a uno de los sectores más precarizados: quienes están desocupados y pasan a realizan una contraprestación como parte de los planes “Potenciar Trabajo” que apenas llegan a 14 mil pesos. En muchos casos se tratan de trabajos de obra y limpieza para el Estado provincial o municipal. Suficiente ilustración.

4) Sin derechos

El trabajo sin registrar, “en negro”, es uno de los flagelos de la Argentina. En los últimos 40 años no ha parado de crecer. Ni siquiera el momento de crecimiento pudo perforar el piso de 30%.

En la juventud, como hemos mostrado muchas veces, el número se duplica. El número se eleva hasta el 60 o 70 %, según los distintos parámetros que miden la precariedad y el trabajo informal.

Son esos 3 millones de informales que perdieron no solo sus trabajos con la pandemia, sino también sus hogares. Guernica fue el símbolo de cómo la precarización laboral se transforma en precarización de la vida en el caso de albañiles, trabajadoras de casas particulares, changarines, peluqueras, remiseros o gastronómicos. Otro golpe fue la lucha de las y los autoconvocados del citrus en la Tucumán del amigo de la CGT Juan Manzur: trabajan de sol a sol a destajo por las migajas que les dejan los dueños del limón.

5) Tres casos testigos (y recientes)

Hay tres imágenes que permite simbolizar lo que han conquistado los empresarios en nuestro país.

Uno es Mondelez. A pesar de las peleas que dieron sus trabajadores y trabajadoras, la complicidad de la burocracia de Rodolfo Daer permitió que en la pandemia la planta de Pacheco haya sido un “resumen” de muchas de las cosas que contamos. El convenio flexible firmado durante el menemismo y revalidado año tras año, hace que 1300 efectivos y efectivas pasen casi todos los días de su vida en la fábrica, con o sin extras. A su vez, crece la cantidad de tercerizados (limpieza, mantenimiento, etc). Pero la última “joyita” son los trabajadores “prestados”: jóvenes que estaban licenciados en las casas de comida rápida y fueron utilizados y luego descartados por Mondelez.

Ahí cerca está otra de las empresas “modelo”: VolksWagen. Con un convenio de fábrica firmado en los 90, estos meses la empresa y el sindicato acordaron aumentar la jornada a 9 horas 45 minutos. Luego de presionar con retiros voluntarios y avanzar en la tercerización de sectores, la “vuelta a la normalidad” obligó a la empresa a otra reforma laboral de hecho, avalada por las autoridades. Por distintos motivos, tuvo que retroceder.

El último es la decisión del gobierno de Axel Kicillof de imponer un cambio en el régimen laboral de la administración bonaerense, que ya empezó a regir en algunas dependencias. De trabajar 30 horas, una conquista de las y los estatales, ahora el Estado les reclama que trabajen 40. Sino, pierden salario y condiciones. Otra reforma laboral de hecho de la que pocos hablan.

Podríamos seguir. Seguiremos en los próximos días. Pero valía la pena recordar que la grieta entre “flexibilizadores de derecha” y “flexibilizadores progresistas” está floja de papeles. Solo el sindicalismo clasista y la izquierda enfrentaron cada uno de estos ataques. La única verdad es la realidad.




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