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Red Internacional

Reflexiones en torno a El Hoyo: clases, egoísmo y solidaridad

Una interpretación sobre la película El Hoyo ¿Es el egoísmo innato al ser humano? ¿Es posible escapar al sistema que nos condena? Spoiler alert.

Agustín GrubisícEstudiante de Historia UBA

Juan Martín RúaEstudiante de Historia, UBA

Sábado 25 de abril de 2020 | 13:54

En los últimos años, el cine social se encuentra transitando un reverdecer. Este renacer se refleja más, en una mayor llegada a franjas de públicos amplias que en un aumento cualitativo en el contenido de las producciones (que es un factor más subjetivo). El punto es que producciones que generalmente estaban dirigidas a un público más vanguardista, se transforman ahora en éxitos masivos. No es casualidad que, a la par del desarrollo de la crisis capitalista, un número mayor de personas se encuentren interesadas en consumir un cine crítico, con la contradicción de que este es producido por las grandes empresas del entretenimiento. El caso más claro, es la multipremiada Parasite (2019), pero ya contaba en la antesala con Roma (2018). Siguiendo la línea de reflexiones en torno a las clases sociales, este 2020, El Hoyo se ha convertido en una de las películas más vistas, alcanzando el primer puesto en la plataforma Netflix en nuestro país. Sobre ella se abocará este artículo, entendiendo que el mensaje que propone la película es metafórico e invita a la reflexión.

Niveles y clases

– No llame a los de abajo.
– ¿Por qué?
– Porque están abajo. Los de arriba no le contestarán.
– ¿Por qué?
– Porque están arriba. Obvio.

El argumento que propone la película es sencillo: El protagonista, Goreng, se encuentra en una especie de prisión vertical en el que cada piso alberga a dos reos. Diariamente una plataforma abarrotada de comida desciende a través de un hoyo desde el nivel superior y, a medida que va llegando a los pisos inferiores, la comida escasea, condenando a los últimos a la muerte o al canibalismo. Además, la ubicación de los reos por piso varía aleatoriamente mes a mes.

Una primera lectura nos puede hacer imaginar que cada piso se relaciona con clases diferentes. Los de arriba se mofan de los de abajo, y estos a sus vez detestan a los de arriba. Arriba la supervivencia es fácil, abajo dificilísima. Los de arriba, en su gran mayoría estuvieron abajo. Sin embargo, una vez modificada su posición espacial, es decir, su ubicación en los pisos, también se modifican sus intereses y conciencia. De esta forma, vemos que es el posicionamiento social real lo que marca las actitudes de los individuos y la que alimenta el individualismo y la competencia. Trimagasi, su compañero de celda, en un piso superior es un personaje entrañable y en un piso inferior, un sanguinario.

La segunda posibilidad es la de no considerar a los pisos como clases, sino a los habitantes del hoyo como la clase trabajadora y a los pisos como la fragmentación de la misma. Si vamos a una consideración estrictamente económica de la clase, esta reflexión carece de sentido, ya que no hay extracción de excedente porque sus habitantes no producen sino que simplemente reciben. Pero aquí comprendemos que el objetivo de la película no es encuadrarse en una crítica social al estilo del cine soviético o el neorrealismo italiano, sino invitar a la reflexión a través de las analogías.

Una de las referencias más claras que ofrece la película es la alusión al infierno de Dante, con la diferencia de que los niveles son azarosos y no por castigo recibido. De esta forma, a medida que uno desciende los tormentos son peores. La posibilidad de encontrarse en un piso superior ofrece la sensación de ser algo distinto a los de los pisos inferiores. Este reflejo es ilusorio porque mientras no se modifique la situación estructural de los sujetos (la pertenencia al hoyo), el hecho de estar más arriba es un estado pasajero. Esto se refleja en la sociedad capitalista que busca ocultar la pertenencia de clase a través de variados mecanismos, tales como de la segmentación por ingresos. El estar mejor supone ignorar que uno sigue perteneciendo al hoyo, o en otras palabras, desde la mirada pesimista que ofrece la película, al infierno.

Solidaridad o espontaneidad

"¿Para esto crearon este puto hoyo? Los cambios nunca se producen de manera espontánea, señora"

Hacia la mitad del film, se produce el quiebre. El protagonista que había aceptado su realidad es llevado a un punto límite en su convivencia con Trimagasi. Luego de lo que podríamos describir como una convivencia pacífica, Goreng despierta un día para descubrir que se encuentra varios niveles más abajo y atado a la cama por su propio compañero de celda que procede a ofrecerle un trato, que implica devorar lentamente su carne a cambio de no matarlo ¿Qué explica este cambio tan repentino en él? Si volvemos a la primera lectura de la película notaremos que el accionar de Trimagasi es obvio, dado que al cambiar las condiciones materiales de ambos personajes y encontrarse ahora frente a una situación de escasez extrema, el interés de mantener una convivencia entre ambos, se vuelve inviable para garantizar su supervivencia

Sin embargo, nuestro protagonista logra sobrevivir a esta situación y termina alimentándose del propio cuerpo de Trimagasi. Pasado el tiempo, despierta un día para encontrarse otra vez en uno de los pisos superiores y con una nueva compañera de celda, llamada Imoguiri. Ella le explica a Goreng que “el hoyo” fue creado específicamente para verificar si es posible que, a pesar de las circunstancias, se genere entre los presos un vínculo solidario que garantice la supervivencia de todos por igual y que, además, en la mesa habría cantidad suficiente de comida como para alimentar a la prisión entera si cada uno tomara, solamente, la ración que le corresponde. Siendo Imoguiri una creyente en la posibilidad del surgimiento de esta solidaridad, cada día preparaba raciones para el piso de abajo, indicándoles a ellos que hicieran lo mismo. Sin embargo, día tras día solo recibía insultos, hasta que nuestro protagonista conquista su objetivo mediante el uso de la amenaza. En los hechos, se podría interpretar que la película responde a aquella pregunta por la solidaridad: es imposible que se genere una autoconciencia que lleve a la solidaridad y solo mediante el uso de la violencia se lograría una cierta cooperación. Al darse cuenta de la ingenuidad de su idea, Imoguiri, cae en un estado de profundo escepticismo que la lleva a quitarse la vida. Pero hay algo que el film no termina de indagar en profundidad ¿Por qué motivo no fue posible que se genere una autoconciencia? Veamos.

En una entrevista que le hace Página12, el director del film comenta lo siguiente: “Creo que la película se entiende de la misma manera en cualquier momento y en cualquier parte (…) Si en nuestra plataforma, en vez de comida, hubiéramos puesto papel higiénico o mascarillas, estaríamos hablando de lo mismo. Del egoísmo que subyace en lo más profundo de nuestros corazones”. Claramente el autor nos da una interpretación pesimista de la película, y la discusión pasa oscilar entre estos dos polos: ¿Coerción o solidaridad? ¿Son la maldad y el egoísmo algo intrínseco a la naturaleza humana?

Las formas distópicas y muchas veces en entornos artificiales como en el film, han estado a la orden del día dentro del mundo de la ficción, como modo de reflexionar sobre la naturaleza humana. En El Hoyo, hay que tener en cuenta que los sujetos se encuentran enmarcados en una estructura que fomenta la división y el individualismo. Este diseño es tan inteligente que ni siquiera precisa de guardias que rijan el orden. Igualmente, durante el transcurso de la película vemos cómo los diferentes personajes toman distintas estrategias. Estas van, desde la adaptación, pasando por el egoísmo, hasta el enfrentamiento con la estructura, lo cual matiza este determinismo.

Si pensamos la analogía de vuelta hacia afuera, hacia nuestra sociedad, la realidad es otra. La potencialidad de controlar la producción por parte de la clase obrera, exige a las clases dominantes la necesidad de un sistema represión exterior a la propia estructura. El rol privilegiado de la clase obrera como potencial elaborador de una conciencia de clase, no proviene de una mutación genética de los nacido a partir del siglo XIX sino de su materialidad: su rol clave en la producción de recursos, la desposesión de medios de producción, y la interdependencia productiva tanto hacia el interior de la célula productiva como con otras.

Retomando, es curioso que el director de la película mencione la producción de mascarillas, haciendo alusión a la crisis actual en medio de la pandemia, cuando aquí mismo en Argentina las y los obreros de la fábrica recuperada Madygraf -demostrando en los hechos la potencialidad de la que hablamos- se propusieron producir los insumos necesarios para solventar la crisis, sin necesidad del uso de la violencia externa o por alguna solidaridad inherente sino siendo conscientes del rol que ocupan en el todo social. Junto con ellos, podríamos mencionar decenas de ejemplos de solidaridad, que comenzaron en forma "espontánea" pero se transformaron en organización, dados por sectores de la clase trabajadora a nivel mundial. En las favelas de Brasil se organizan sus habitantes por el acceso al agua, en Estados Unidos trabajadores de General Motors se oponen a que los manden a sus casas mientras miles mueren por coronavirus y proponen que la fábrica produzca respiradores.

Finales

El final de la película es un clásico final abierto. A partir de diversos fragmentos sobre el mundo exterior, se nos induce que tanto la pana cotta (que es devuelta por los reos) como la niña llegaron al nivel superior. El espectador puede elegir la interpretación que más le agrade. Pero vemos el fracaso de nuestro protagonista a la hora de destruir la estructura. Ante este fracaso, solo queda el mensaje. Sin embargo, vemos que el director de la prisión, no interpreta correctamente el mensaje surgido desde abajo, y se limita a regañar a sus trabajadores. Muchas heroicas luchas, quedaron en la historia como un simple mensaje, pero su fracaso no eclipsa su importancia. A veces, son advertencias que desoyen los de arriba, otras, mensajes que se siembran en los de abajo. Porque si algo nos demuestra la historia es que “toda revolución es imposible hasta que se vuelve inevitable”.




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