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Red Internacional

El consejo directivo de la central obrera aseguró que “acompaña el sentido positivo de los cambios en el gabinete”. El Frente Renovador ya dominaba el triunvirato y la “mesa chica”. Hugo Yasky también había anticipado su bienvenida. ¿Se mantiene la marcha del 17?

Jueves 28 de julio

“Hoy más que nunca, primero la Patria”. Así se titula el breve comunicado del consejo directivo nacional de la CGT. Allí destaca “la Confederación General del Trabajo de la República Argentina acompaña el sentido positivo de los cambios en el gabinete impulsados por el Gobierno Nacional. (…) Conocemos y confiamos plenamente en la orientación productivista y de desarrollo industrial que dará el compañero Sergio Massa a la economía argentina”.

Es cierto que el pronunciamiento político de la CGT no puede sorprender. Ha sostenido al Gobierno sin fisuras durante estos dos años de crisis y ajustes, ¿cómo no va a remarcar ese apoyo cuando asume su principal referente dentro del PJ?

Para quienes no recuerdan, buena parte del consejo directivo de la CGT acompañó la carrera política de Massa, desde que fundó el Frente Renovador. Héctor Daer y Carlos Acuña han sido diputados por esa fuerza. Facundo Moyano, la apuesta política de la familia, también. Muchos de los “gordos” e “independientes” que hoy, y desde hace décadas, manejan los hilos de la CGT impulsaron la “Mesa sindical Massa Presidente” en 2015.

El “sindicalismo renovador”, como lo denunciamos en aquel momento, era en realidad la expresión de lo más rancio de las cúpulas sindicales, que hace décadas ocupan los mismos sillones y se han enriquecido mientras la mayoría de la clase trabajadora fue perdiendo derechos y poder adquisitivo.

Uno de ellos era Rodolfo Daer, con quien el nuevo ministro coincidió en los brindis del 4 de julio en la Embajada de EEUU. Se conocían desde mucho antes. Juntos conspiraron contra la huelga de Kraft-Terrabusi en 2009. Los cables de la embajada contaban que “Massa dijo tres veces que creía que la compañía estaba en lo justo cuando echó a 155 trabajadores por no ir a trabajar en julio. Insinuó que los líderes sindicales de la planta son extorsivos y no razonables”.

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Massa y la CGT fueron luego una de las claves para tender puentes con el gobierno de Mauricio Macri. Uno apoyando algunas leyes desde el Parlamento, los otros buscando contener el descontento y canalizando la bronca hacia las elecciones de 2019. La poca presencia de la vieja guardia cegetista en las listas del Frente de Todos enfrió las relaciones pero no cortó las lealtades.

Pero la bienvenida del Consejo Directivo Nacional implica un apoyo más extendido. Allí conviven todas las alas del sindicalismo peronista. No solo los abiertamente massistas, sino el Frente Sindical de Moyano y Pignanelli, la Corriente Federal de Palazzo y Silley, los gremios del Transporte hoy dirigidos por Sassia, entre otros.

Hay un dato más. Importante. Uno de los primeros en que adelantó su apoyo, cuando Clarín lanzó la noticia, fue Hugo Yasky. El referente del sindicalismo kirchnerista pidió pista para el nuevo superministro. El mismo que había atacado a la docencia que sostiene la educación pública, acusándola de promover el "ausentismo". Ni un poco de orgullo Yasky.

O sea que todo el sindicalismo kirchnerista, dentro y fuera de la CGT, le ha dado la bienvenida.

El nuevo superministro viene a continuar con un plan: aplicar el ajuste que pide el FMI. Para eso el nombramiento del superministro vino acompañado de nuevas concesiones al campo y los especuladores. Como contracara, a los pocos días de iniciar su gestión tendrá que reconocer una inflación récord que azota el bolsillo de millones.

Por eso la "expresión de deseo" del comunicado de la CGT va a chocarse más temprano con la realidad. “El desarrollo económico se sustenta en el crecimiento del poder de compra de salarios, jubilaciones e ingresos sociales, debemos redoblar los esfuerzos para mitigar en parte la desigualdad social” dice la conducción cegetista.

Mientras se profundizan las huelgas docentes en Mendoza, La Rioja, Chubut o Río Negro, mientras sigue la huelga del neumático, mientras las organizaciones sociales realizan multitudinarias jornadas contra el hambre y la pobreza, las cúpulas sindicales refuerzan su subordinación al gobierno.

Hoy hay que denunciar ese pacto a las espaldas de la clase trabajadora y fortalecer una alternativa independiente a las cúpulas sindicales y sociales oficialistas.




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